A pesar de que ni el guion ni la idea original eran suyas, Berlanga reconoció que, «todo ese mundo pirotécnico, valenciano, ese clima caliente [de Calabuch] me pertenece», como le dijo años más tarde al periodista y escritor Manuel Hidalgo. «La historia estaba narrada en clave de fábula», aseguraba el director valenciano, quien reconocía también que en la película —no en balde rodada en Peñíscola— «está mí barroquismo valenciano, está mí mediterraneidad».

 

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