Fue, de hecho, la última mujer ajusticiada por el régimen franquista. Por eso, por el simple hecho de ser mujer, esperó hasta el último momento un indulto del mismo Franco que nunca llegó. Se llamaba Pilar Prades y envenenó a la señora a la que servía como criada con el veneno que se usaba para matar hormigas. El caso adquirió una gran notoriedad mediática en aquella España de finales de los años 50. Fue sentenciada a muerte el 9 de noviembre del 1957. El Tribunal Supremo corroboró la sentencia y el Consejo de Ministros se dio por enterado. Al no llegar ninguna medida de gracia, todo parecía definitivamente resuelto.

 

El verdugo sin atributos

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